Punto Final

A veces soy indecisa, especialmente cuando me toca pedir en un restaurante. Miro todo el menú y termino pidiendo lo mismo de siempre. No sé si será falta de imaginación o miedo a pedir algo que no tenga buen sabor. Quizás también sea porque de niña fui muy quisquillosa con la comida y que sigo sintiendo esa necesidad de controlar ciertos aspectos de mi vida. Ya no importa mucho.

Recuerdo cuando usaba frenillos dentales y el odontólogo me preguntaba qué color de ligas quería. Mi respuesta siempre era «escoja usted».  Me parecía demasiado engorroso invertir energía en mirar el surtido de colores y decidir cuál quería ver en mi boca. La verdad es que me daba igual.

En otros aspectos soy muy decidida, particularmente cuando se trata de mi bienestar emocional. Si hay algo que me está provocando demasiado estrés, ansiedad o incomodidad mi primera reacción es buscar la manera de eliminar ese elemento o disminuir el contacto.

Algunos me llaman extremista y otras personas creen que simplemente estoy desquiciada. Mi madre siempre me dice que no se puede vivir así. Pues ya llevo varias décadas implementando este sistema y me ha ido muy bien.

Mi paz no es negociable.

Esta manera de ser me ha llevado a evitar reuniones familiares, dejar de ser miembro de ciertos grupos, renunciar a trabajos, dejar de comunicarme con ciertas personas y regalar mascotas. Lo interesante es que nunca me he arrepentido de ninguna de esas decisiones.

Hace unos días le decía a una amiga que es como si escuchara una voz que me dice: ya es hora. En una ocasión escuché claramente: ¿Por qué sigues aquí?

La vida es un largo proceso de aprendizaje. Para aprobar el examen diario hace falta escoger la paz. Si logras agregarle gozo, amor y aceptación, mejor todavía… Cuadro de honor.

Hasta donde sea posible no participes ni permanezcas en situaciones, relaciones, arreglos, trabajos o lugares que pongan en riesgo esa paz. Tu salud mental es la base de tu bienestar integral.