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Se lo creen

Hace unos meses decidí que el egoísmo es la raíz de todo lo malo. Me tomaría demasiado tiempo y espacio explicar detalladamente por qué llegué a esa conclusión, pero en verdad estoy convencida de esto.  Robar, mentir, pelear, regar chismes, matar…todos tienen que ver con el egoísmo a mi parecer.

Cuando yo “pierdo” el control y actúo o hablo con imprudencia, estoy siendo egoísta. Decidí no postponer mi propia gratificación y no pensé en las consecuencias de mis actos o mis palabras. Simplemente reventé sin considerar el impacto de mis acciones sobre los demás. Eso es egoísmo. El desahogo es auto-gratificante.

 

Cuando yo hurto dinero, estoy siendo egoísta. Decidí no postponer mi propia gratificación y no pensé en las consecuencias de mis actos. Satisfacer mis propias necesidades sin pensar en las de los demás es auto-gratificación.

 

Cuando mi pareja y yo discutimos delante de nuestros hijos, estamos siendo egoístas. Decidimos no postponer nuestra gratificación, teníamos que desahogarnos y decir lo que teníamos en el corazón sin importar el terror que esto le puede causar a los niños. Eso es egoísmo.

 

Me causa un poco de enojo cuando los padres traen a sus niños a consulta alegando que el niño se porta mal, es irrespetuoso, no estudia, no obedece  y una docena de barbaridades más y ya no saben qué más hacer para que cambie. Pero lo que no me cuentan que es que al pobre chico le toca escuchar a sus progenitores ofenderse y golpearse como enemigos noche tras noche.  Esa parte me la cuentan los niños. Los padres no se han percatado de que es su egoísmo lo que está afectando al niño.

 

Ojalá nuestros niños algún día comprendan que las emociones de los adultos dependen de sus propias historias pasadas y no del comportamiento actual de los niños. Y ojalá nos perdonen por haber sido tan egoístas.

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