junio 2, 2017

Eso de la amistad

Después que uno llega a cierta edad como que ya pierde el interés en participar de jueguitos de manipulación en nombre de la amistad. Recientemente me puse a recordar a aquellas personas a quienes consideraba mis amigas hace varias décadas y me di cuenta que muchas no merecían ese título. Lo más triste es que se establecieron patrones de conducta que continuaron en la etapa adulta pero que ya yo no estaba dispuesta a tolerar.

Fue en ese momento en que me convertí en la mala, engreída, pagana que olvidó sus raíces y sus inicios. Cuando la verdad simplemente es que un buen día desperté y dije: No me interesa ser amiga de estas personas. Y me alejé sin mirar atrás.

Obviamente eso incomodó a muchos. En el momento en que alguien decide crecer, los demás se llenan de ansiedad porque ellos sí han escogido permanecer leales a… sus ideas primitivas.

Cuando era adolescente parece que me rodeé de un grupo de chicas que constantemente me recordaban todo lo que estaba mal en mí. Si no era una cosa era la otra: mis muslos eran demasiado gordos, mi cabello era demasiado seco, no les gustaba mi olor ni cómo caminaba. La lista de quejas era larga. Lo más interesante es que no recuerdo haberme sentido ofendida por nada de eso. Es que creo que desde muy temprano aprendí a simplemente no valorar las opiniones que las demás personas puedan tener de mí. También existe la posibilidad de que yo creía todo eso de mí. Así que continué siendo la amiga que siempre escuchaba y siempre apoyaba.

Ya de adultas nuestras vidas tomaron rumbos muy distintos. Mientras yo me esforzaba por ser más y dar más, ellas se quedaron estancadas. Cumplieron con las expectativas bajas de la sociedad y vivieron totalmente leales a los estereotipos. (Te casas, tienes hijos, te amargas, te engordas, te quejas de tu marido, te quejas de tus hijos, se te caen los dientes y mueres).

Ya no tenemos temas de conversación. Creo que nunca los tuvimos.

Ahora presto más atención a lo que cada uno trae a la relación. Si no me interesa lo que alguien ofrece, simplemente me alejo. No estoy obligada a hablarle a nadie. Invierto mi tiempo en aquellos que están ahí celebrando conmigo cuando me va bien y no me dejo impresionar por los que sólo aparecen con lagrimitas cuando escucharon que me fue mal.

Creo que a todos nos toca redefinir la amistad en algún momento. Si no lo hacemos pasamos toda la vida quejándonos que no se puede confiar en nadie, que la gente es traicionera, que ya no hay amor, mi perico es mi único amigo… cuando la verdad es que sencillamente escogimos mal.

Sí, tengo varios amigos. Son de aquellas personas maravillosas. A algunos los conozco desde la niñez y otros son más recientes. No sé qué haría sin estos hombres y mujeres. Son un verdadero regalo.

¿Y las criticonas? Pues ahora son sólo conocidas. Así de sencillo.

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5 Comments

  1. Lucila junio 3, 2017 5:08 am

    Es verdad Dinorah, uno es el que decide si tolera o no ese tipo de relación, y es totalmente cierto que por no actuar como tu lo has hecho seguimos tolerando gente en nuestras vidas que no valen la pena (yo tb me incluyo entre ellos en algunos aspectos de mi vida) Gracias por compartir esto, me ha ayudado mucho! Bendiciones!

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  2. Karol junio 3, 2017 10:13 am

    Importante siempre evaluar lo que los demás aportan a nuetras vidas…..si es bueno bienvenido

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  3. noris junio 3, 2017 12:27 pm

    Asi de sencillo,fuera toda toda “amistad”toxica .

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  4. Karina Fernández junio 3, 2017 9:58 pm

    Así es mejor tener pocos amigos pero sinceros que conocer muchas personas que dicen ser tus amigos y quien no aporta nada bueno es mejor dejarlo atrás.

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  5. Mercia Van Horne julio 15, 2017 8:39 am

    Cuando llegué a mi punto de redifición de la amistad, me di cuenta que “la vida es así, no la he inventado yo” pero sí puedo reinventar para tener los resuiltados que yo espero o almenos similar. Todavía algunos no han entendido la frase/pregunta: “De que vale llorar sobre la leche derramada?”

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