abril 1, 2017

Me cuesta entenderlo

Hace unas semanas decidí ofrecer un servicio adicional en mi centro de atención psicológica. Esto requiere que contrate a una persona con experiencia trabajando con niños de 2 y 3 años de edad. Obviamente tengo preferencia por maestras con preparación en educación inicial o carreras afines.

Así que publiqué un anuncio y a los pocos minutos empecé a recibir correos electrónicos con hojas de vida. Me tomé el tiempo de contestarles a todos individualmente para concertar entrevistas o simplemente agradecerles por haber enviado sus datos.

Muchas de las personas que contestaron el anuncio no habían estudiado nada que tenía que ver con lo que yo pedía y tampoco tenían la experiencia. Pero sí hubo varias hojas de vida que me impresionaron pues tenían justo el perfil que yo necesitaba. A los electricistas, vendedores, abogadas y pediatras que también contestaron les indiqué que no tenían lo que yo buscaba. También rechacé a varios que cumplían con los requisitos pero vivían demasiado lejos, y les expliqué mis razones.

Una chica en particular, quien vive muy lejos de mi ubicación, insistió en que estaba interesada. Me dijo que la distancia no era impedimento, pues ella tenía acceso a un vehículo. Accedí y acordamos fecha y hora de entrevista. También establecí citas con otras dos que viven cerca y tienen el perfil buscado.

Llegó el momento de la primera cita. La joven simplemente no se apareció y no supe nada de ella. Unos días más tarde me tocaba entrevistar a las otras dos. En la mañana de la fecha pactada recibí un mensaje de texto de una diciendo que no podía asistir.  A los poco minutos recibí un correo electrónico de la otra diciendo que, por razones personales, no estaría en la cita.

Tuve que sonreír. ¡Cómo han cambiado las cosas! Hace varios años que no voy a entrevistas de trabajo, pero te puedo asegurar que en mis días no había excusa válida para concertar una cita y luego no asistir. A muy pocas personas se les ocurría hacer algo como eso. Pero mira, han pasado unos años y parece que esa es la moda.

Recordé la última vez que estuve entrevistando para el puesto de recepcionista. Eso fue hace como tres o cuatro años y en ese momento la moda fue llegar tarde a la entrevista. Pero ahora es peor– simplemente no se aparecen y ya.

No quiero ser dura, pero nunca he creído que el desempleo es un problema. El problema es la falta de compromiso. Unos que no quieren trabajar bien y otros que no quieren pagar bien. ¿En qué vamos a quedar?

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3 Comments

  1. Mercy abril 1, 2017 11:41 pm

    Te confieso que detesto llegar tarde a lo que sea. Pero con éstos tranques,incumplimientos y falta de propósito, ya me estoy volviendo cara dura. Qué vergüenza!

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  2. Ann abril 2, 2017 8:08 am

    Ese es el dia a dia en mi trabajo y si se t ocurre reclamar simplemente t dicen…”da gracias q llegué oooo si quieres me regreso” q falta de compromiso y responsabilidad

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  3. Olda abril 3, 2017 2:10 pm

    Me parece que las personas están necesitadas pero creen que le están haciendo un favor a uno. Esa es la indiocincracia del panameño. Quieren y no quieren. Es como tu dices hay trabajo pero desde que se inventaron las excusas se ha vuelto para parte de nuestro diario vivir.

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